Y llegué

En La Ciénaga, uno de los tantos barrios pobres de nuestra capital, una Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional enseña oficios a jóvenes dispuestos a salir de la pobreza.

Son carreras técnicas cortitas, breves, porque la necesidad apura. Gratuitas.

Omar Balbuena se sentía estancado. Ahora es un señor electricista. Su autoestima anda por los cielos: quiere ya montar su propia empresa.

William es otro. Lavaba carros. Todavía los lava por paga, pero por poco tiempo más. Al igual que Omar es un tremendo electricista.

Se emociona cuando recuerda su proceso educativo.

Los jóvenes pobres no gozan de buena prensa, por pobres y por jóvenes. Pero hay que ir allí donde viven, como dicen ellos mismos, para darse cuenta de sus ansias y talentos, y que sólo les faltaba el cariño de una sociedad que se lo negó a sus padres y abuelos. ¡Ahora lo tienen con nuestro gobierno y la Revolución Educativa! Tienen nuestro cariño.

Cuando se les ofrece la oportunidad de estudiar y superarse, como Omar y William en la Escuela Vocacional de las FF.AA. y PN, los jóvenes la aprovechan al máximo.

Sólo hay que ver el impacto y la matrícula que está teniendo el INFOTEP.

La Educación es el otro nombre de la Libertad, que por apellido tiene Prosperidad.

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